Varias explosiones han sacudido la ciudad de Lviv, en el oeste del país y principal ciudad de la retaguardia de Ucrania. La madrugada del viernes, hacia las 6:50 hora local, la ciudad ha despertado con el sonido de varias explosiones, fruto del lanzamiento de al menos seis misiles rusos desde el mar Negro. Según la administración militar regional, dos misiles fueron interceptados, mientras que los otros cuatro cayeron en las inmediaciones del aeropuerto.

Varios misiles han impactado contra una planta de reparación de aeronaves, en el noroeste del aeropuerto de Lviv y a siete kilómetros del centro urbano de la ciudad. El edificio habría quedado seriamente afectado por el bombardeo; e imágenes distribuidas por la televisión ucraniana muestran un creciente hongo de humo negro en la zona. Hasta el momento no se han reportado víctimas, según ha informado el alcalde de la localidad, Andriy Sadovyi. «El trabajo activo en la planta había sido detenido con anterioridad, por lo que no hay víctimas por ahora», ha afirmado el regidor, quien asegura que los edificios de la planta han quedado «destruidos».

«Conozco a diez personas que trabajan en esa planta», lamenta Petro Andriovych, granjero en la zona suroeste de Lviv, no muy lejos del aeropuerto atacado. Explica que vieron el humo por la mañana y con su mujer no pararon de llamar a sus amigos trabajadores hasta comprobar que estaban sanos y salvos. Ninguno ha resultado herido, no coincidían en sus turnos. «Es terrible estar todo el rato pendiente de las noticias del último bombardeo, hay que seguir adelante, trabajando, no quedarse bloqueado en eso», asegura.

El aeropuerto de Lviv era, antes del inicio de la invasión y el cierre del espacio aéreo, uno de los más concurridos y mayores del país, solo por detrás de los aeropuertos de la capital Kiev. La Planta Estatal de Reparación de Aeronaves de Lviv (LSARP, por sus siglas en inglés), parte del grupo industrial de defensa estatal Ukroboronprom, es la única empresa en el país que repara aviones militares como los MiG-29.

Se tratan de las primeras explosiones reportadas en el propio Lviv desde el inicio de la invasión el 24 de febrero. El domingo, Rusia bombardeó fuertemente un centro de entrenamiento militar en Yavoriv, en el ‘óblast’ de Lviv, a 60 kilómetros del centro de la ciudad y 25 de la frontera polaca, dejando al menos 35 muertos según las autoridades ucranianas y 180 «mercenarios extranjeros» según Rusia.

Para la población local, el bombardeo ruso de Lviv, ciudad que se ha convertido en centro logístico clave de la retaguardia ucraniana, y por donde pasan suministros —tanto humanitarios como militares— desde Europa, era inminente: «No es solo para quebrantar las cadenas de suministros. Es una campaña de terror, quieren que sintamos que no estamos a salvo en ninguna parte», afirmaba Alina Frolova, exviceminsitra de Defensa ucraniana, a El Confidencial. En la calle, el sentimiento era similar. «Nos odian, somos la ciudad típica con más población ucranioparlante, nunca hemos tenido nada de prorrusos, nos van a bombardear seguro«, aseguraba Andrew, voluntario en un polideportivo que ahora acoge a cientos de refugiados.

Ataques contra aeropuertos

Los aeropuertos, como infraestructuras críticas, han sido objetivos principales de los bombardeos rusos, con el objetivo militar de hacerse con el dominio del aire. El propósito es que, aunque a Ucrania le queden aeronaves en activo, o incluso si finalmente llega a recibir cazas militares de otros países de la OTAN, sin pistas de despegue y aterrizaje su capacidad operativa será minúscula

Pese a dramáticas batallas como la del aeródromo de Hostomel (cerca de Kiev), Rusia no habría conseguido hacerse todavía con el control total del aire, según los reportes del Ministerio de Defensa británico. Ahora, los ataques han llegado ya al oeste del país, donde la defensa aérea ucraniana mantiene algunas capacidades, con sendos bombardeos el pasado fin de semana contra aeródromos en las ciudades de Ivano-Frankivsk y Lutsk (a unos 100 km de Lviv).

Lviv, a apenas 80 kilómetros de la frontera con Polonia, se ha convertido desde el inicio de la guerra en una suerte de ‘santuario’ para los millones de ucranianos —3,1 millones, según los últimos dados de ACNUR— que han abandonado el país y otros tantos miles que permanecen como desplazados internos, huyendo de los fuertes bombardeos rusos contra otras ciudades del país, como Járkiv o Kiev en el este y norte.

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