El aparato, que trasladaba a paracaidistas, se estrelló en la República de Tatarstán tras solicitar un aterrizaje de emergencia

Año aciago para la aviación rusa. Al menos 16 personas fallecieron este domingo al estrellarse un avión de una escuela de paracaidismo cerca de la ciudad de Menzelinsk, en la República de Tatarstán. Se trata del quinto accidente aéreo registrado este año en el país con víctimas mortales, y el tercero que involucra a un aparato bimotor L-410 Turbolet.

Los controladores aéreos perdieron el contacto con la aeronave pasadas las nueve de la mañana. Según contó horas más tarde el presidente de Tatarstán, Rustam Minijánov, uno de los motores del avión falló y los pilotos solicitaron un aterrizaje de emergencia. Tras descender a unos 70 metros de altura, iniciaron un viraje para evitar pasar sobre una población, pero el avión se precipitó en aquel momento contra una zona arbolada. Fallecieron los dos pilotos y 14 de los 20 pasajeros que iban a bordo, la mayoría de ellos paracaidistas.

El aparato estrellado había formado parte del Ministerio de Defensa antes de ser adquirido por el club de salto. “El avión ha estado operando desde 1987. Anteriormente estuvo al servicio de la Fuerza Aérea de la Unión Soviética. Luego fue almacenado y llegó a formar parte de la Sociedad Voluntaria de Ayuda al Ejército, la Aviación y la Marina”, explicaron fuentes de la investigación a la agencia TASS.

El L-410, cuyo diseño original soviético se remonta a los años sesenta, es ampliamente utilizado en Rusia por su capacidad para operar en pistas cortas y bajo temperaturas extremas. La tragedia de este domingo es casi un calco de la vivida el pasado 19 de junio, cuando en la región siberiana de Kemerovo se estrelló otro L-410 con paracaidistas a bordo por un fallo de un motor. Aquel suceso se saldó con siete víctimas mortales. El aparato había comenzado el despegue cuando a unos 20 metros de altura se paró el propulsor derecho. Pese a los intentos de ganar impulso con el otro motor, los pilotos tuvieron que realizar un aterrizaje de emergencia que resultó fatal.

Pocos meses después, el 12 de septiembre, cuatro personas más murieron al estrellarse otro L-410 en las inmediaciones de un aeropuerto de Kazachinskoye, en la región de Irkutsk. Aquel avión chocó contra una colina en condiciones de baja visibilidad. La investigación, que en un primer momento barajaba un fallo técnico, apunta ahora a un error de la tripulación.

Y de todas las tragedias vividas este año, la mayor ocurrió el 6 de julio, cuando un An-26 se precipitó contra el suelo en Palana, en la lejana región de Kamchatka. En el suceso murieron las 28 personas que iban a bordo. Además, este mismo modelo del fabricante Antonov registró otro accidente mortal el pasado 22 de septiembre, cuando otro vuelo cayó contra el suelo durante una calibración de los sistemas de navegación a corta distancia del aeropuerto de Jabárovsk. En aquel incidente perdieron la vida otras seis personas.

Al lugar del suceso de este domingo se desplazaron los equipos del Ministerio de Emergencias. Según explicó el organismo, el personal médico y los bomberos lograron sacar a siete supervivientes de entre los restos del fuselaje.

Dos de las víctimas iban a celebrar sus respectivos cumpleaños con el salto en paracaídas. “Llegué tarde al registro. Mi hermano rellenó el formulario y le inscribieron en el vuelo al momento”, contaba al canal Mash Alexandr Tsyvinski, quien no llegó a montar en el avión por una llamada de trabajo. Su hermano, Konstantín, si subió y falleció en el accidente. Había cumplido 18 años el 4 de octubre y acudió al aeropuerto acompañado por su hermano y sus padres.

Otro de los fallecidos era Ilnar Gaifullin, quien recibió como regalo un certificado para saltar en paracaídas. Su mujer le acompañó al aeródromo para apoyarle, y esta iba a ser la primera vez que saltaba desde las alturas.

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