El Gobierno mexicano prevé reducir, mediante un decreto, los vuelos desde y hacia el Aeropuerto Internacional Benito Juárez de Ciudad de México, según ha comunicado el subsecretario de Transporte, Rogelio Jiménez Pons, a periódicos locales como El Financiero o Expansióny ha confirmado EL PAÍS. De acuerdo con esa información, las operaciones bajarán de 62 a alrededor de 50 cada hora, es decir, cerca de un 20%. El objetivo, según ha dicho Jiménez Pons, es reducir la saturación en el Benito Juárez e incrementar las operaciones en el nuevo aeródromo, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA), donde actualmente operan cuatro aerolíneas con rutas a seis destinos nacionales y uno internacional, Venezuela.

Jiménez Pons ha avisado de que los primeros vuelos en ser redirigidos serán “de carga, charters, vuelos excesivos, nuevas aerolíneas”. “En fin, todo lo que está aparentemente de más”, ha aclarado el subsecretario. Posteriormente, según ha explicado, seguirán “todas las aerolíneas”. “Hay que ver cuánto puede ir destinándose a otro lados, particularmente al AIFA”, ha agregado. El aeropuerto Felipe Ángeles fue inaugurado el 21 de marzo y allí funcionan actualmente el Grupo Aeroméxico, Volaris, Viva Aerobus y Conviasa. La decena de operaciones diarias en el nuevo aeropuerto contrasta con las 900 del Benito Juárez, que alcanzó su límite de seguridad operativa en 2014, con 32 millones de pasajeros.

“No queremos hacer nada forzado, pero sí que entiendan que ya hay condiciones muy graves que hay que atender”, ha dicho Jiménez Pons. El subsecretario, según recogen los medios locales, ha asegurado que se preparan incentivos para las aerolíneas que acepten los cambios, como “descuentos en los combustibles”. “Son negociaciones que llevan mucho. Es un tema muy amplio, implica a toda la industria”, ha indicado. Jiménez Pons también ha afirmado que además del Felipe Ángeles, que este año espera recibir 2,4 millones pasajeros, según cálculos del Gobierno, “pueden abrirse [el aeropuerto de] Toluca” y “otras alternativas”.

El presidente Andrés Manuel López Obrador señaló este viernes que había pedido ayuda a Eduardo Tricio, presidente de Aeroméxico, “para que se ampliaran vuelos”. “Le pedí que nos ayudaran para que no se esté cuestionando, atancando, por esto”, dijo el mandatario en su conferencia de prensa matutina. El aeropuerto Felipe Ángeles ha sido una de las obras más importantes para este sexenio —junto a otras como la refirenería de Dos Bocas, en Tabasco, o el Tren Maya, que atraviesa cinco Estados—. Al comienzo de su mandato, López Obrador canceló la construcción de otro aeropuerto que se había comenzado a construir durante la Administración de Enrique Peña Nieto (PRI) en Texcoco e impulsó un nuevo proyecto a partir de la ampliación de la base militar de Santa Lucía, a unos 50 kilómetros de la capital. “Se trata de un buen aeropuerto”, señaló el presidente el viernes, “es el esfuerzo de mucha gente y es la imagen de nuestro país”.

La rentabilidad del nuevo aeródromo, que administra la Secretaría de la Defensa Nacional, depende en parte de la rapidez con que se añadan nuevas rutas y con la disposición de los viajeros a trasladarse al AIFA. Las autoridades y los analistas consultado por EL PAÍS antes de la puesta en marcha de la nueva infraestructura señalaban en marzo que el aeródromo tardará varios años en ser redituable. El Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI, por sus siglas en inglés) apuntaba que el número de vuelos será clave para garantizar la rentabilidad porque un infraestructura de este tipo extrae más de la mitad de sus ingresos de impuestos a aerolíneas y pasajeros por el uso de la terminal, y el 40% de fuentes no aeronáuticas, como el pago por el estacionamiento, el consumo y la renta de locales.

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