Las compañías aéreas aprovechan el tirón de esta tarifa intermedia, que se ha convertido en la más rentable en los vuelos de largo radio

Tras el socavón dejado por la crisis del coronavirus en el transporte aéreo, las aerolíneas comienzan a tomar algo de aire al ritmo de la recuperación. Una de las apuestas de las compañías que antes de la covid iba al alza fue la inclusión —especialmente en el largo radio— de una nueva clase media: la turista premium (el nombre varía en función de la empresa). Esta ofrece más comodidad y servicios que la económica con un sobrecoste no tan alto como la clase ejecutiva. Sus beneficios convencen cada vez a más pasajeros y se ha convertido en la tarifa más rentable para las aerolíneas. Una apuesta segura que gana espacio, incluso a costa de quitárselo a la prestigiosa clase business.

La parte delantera de las aeronaves sigue siendo la clave de bóveda y donde las compañías consiguen la mayor parte de los beneficios por vuelo. La pandemia castigó los movimientos turísticos y casi hizo desaparecer los viajes de negocio, que eran los que copaban tradicionalmente la mayoría de las butacas de la clase ejecutiva. Sin embargo, con este movimiento las aerolíneas consiguen que la rentabilidad del espacio sea todavía mayor que cuando el avión se dividía solo en turista y business, y logra que muchos desplazamientos de ocio se realicen por un valor algo más elevado. Siempre resulta un aliciente poder realizar un vuelo de varias horas más cómodo y salir de la zona masificada de la nave.

El cambio comenzó principalmente en Norteamérica, aunque las firmas europeas también se incorporaron hace ya más de una década. Una de las primeras en incluir la nueva clase en el Viejo Continente fue Air France, en 2009. En la actualidad, ofrece en su flota entre el 6% y el 11% de las plazas en esta categoría. “La mayoría de nuestros clientes de la clase premium economy [así la llama esta firma] tienen más de 45 años y vuelan con frecuencia. Viajan por placer y se dan el capricho de hacerlo con más comodidad”, explican portavoces de la compañía.

La apuesta superó las cifras previstas hasta que llegó la pandemia. Tanto que en los nuevos aviones que encargó la firma ya se hizo el diseño con una parte reservada para esta cabina. Además, en las naves que ya estaban en uso, se les hizo hueco restándole espacio a la clase ejecutiva. “En el retrofit de los Airbus A330 quitamos siete butacas de business para implementar la nueva cabina turista premium”, afirman fuentes de la aerolínea, que pertenece al grupo IAG. Las bondades que explican su éxito se dividen en dos vertientes: por un lado, por lo que ofrece a los viajeros. Y por otro, por la inversión en espacio y recursos que se requiere. En ambos sentidos, hay ventajas sustanciales respecto a lo que ya existía.

Los viajeros en esta clase cuentan con acceso prioritario, asientos más amplios, mayor reclinación y una opción de restauración más amplia. Esto, por supuesto, con un coste adicional. “En promedio, el precio de un billete en turista premium puede costar entre 250 y 500 euros más que un turista, aunque cuesta entre 1.000 y 1.500 euros menos que los de business”, detallan portavoces de Iberia.

Por el lado de los números de la empresa, la rentabilidad de estas tarifas también es superior. Los asientos ocupan por norma general apenas un 10% más que la turista, mucho menos que el 300% que se necesita para la ejecutiva. “Sin entrar en detalles, la rentabilidad por despegue se ha incrementado desde que ofrecemos esta tarifa”, confirman fuentes de Iberia. En Lufthansa, por ejemplo, la clase genera un 33% más de ingresos por metro cuadrado que la clase económica y un 6% más que la business, según Bloomberg. Es, además, un 40% más rentable que esta última porque es mucho más barata de instalar. De hecho, la aerolínea alemana ya estudia la posibilidad de eliminar más asientos de ejecutiva para hacer crecer esta nueva clase.

Trasvase de pasajeros

Uno de los temores de las aerolíneas era que el trasvase de pasajeros se produjese de ejecutiva a esta nueva tarifa. Es decir, que se redujese el pasaje en la zona más cara del avión y disminuyesen los ingresos por vuelo. Pero la realidad ha sido todo lo contrario: el trasvase principal se produce de la más económica a la tarifa intermedia.

Este fenómeno se explica porque muchos pasajeros que vuelan para hacer turismo prefieren pagar un poco más a cambio de esa comodidad. Aunque el peso de los viajes de negocios en esta clase también es considerable, lo que le resta vigor en la recuperación por el momento. Como adelantó Bloomberg, esta tendencia ha llegado para quedarse y tiene además perspectivas de mejora: según Counterpoint Market Intelligence, el ritmo de crecimiento se acelerará a medida que más aerolíneas incorporen la cabina separada en los vuelos de larga distancia.

La penetración de la tarifa es imparable. Tanto que ya ha llegado también al low cost. En su caso, se trata de su tarifa más alta, ya que no tienen clase ejecutiva. “Las rutas en las que mejor funciona son las que van a San Francisco o Buenos Aires. En la pandemia se ha visto igual de afectada que el resto, aunque en los últimos meses ya vemos un incremento del interés por ella”, aseguran fuentes de la compañía. Lucía Adrover, directora comercial de Level, añade: “Incluir esta clase en una aerolínea de bajo coste y largo radio nos permite ofrecer un producto más completo”.

Durante lo más duro de la covid, con múltiples restricciones a los viajes y los movimientos por negocio y turismo casi cercenados, el negocio en su conjunto ha sufrido y ninguna tarifa se ha salvado del desastre. Ahora, con la recuperación, las que arrastran un poco más los pies son las de alta gama, ya que echan de menos los viajes de empresa. “Creemos que esto se debe a que gran parte del mercado corporativo sigue sin reactivarse a los niveles que lo han hecho los demás tipos de tráfico. Y el corporativo es un componente importante de la cabina turista premium y business”, sostienen fuentes de Iberia.

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